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JESUS CHRIST SUPERSTAR en el London Palladium

Stuart King 22 agosto 2026 a las 17:03

Por fin ha llegado el tan esperado estreno de Sam Ryder en JESUS CHRIST SUPERSTAR. Fui al London Palladium para comprobar si su interpretación es motivo de crucifixión o si el mesiánico ídolo de Eurovisión logra mantener al público en estado de arrobo.

Sam Ryder en Jesus Christ Superstar en el London Palladium. Foto de Johan PerssonSam Ryder en Jesus Christ Superstar en el London Palladium. Foto de Johan Persson

A lo largo de las décadas, Andrew Lloyd Webber y Tim Rice tienen antecedentes a la hora de fichar cantantes considerados valores seguros por sus fieles y entregadas legiones de seguidores: basta pensar en un sombrío David Essex como el revolucionario Che en «Evita» o en Jason Donovan luciendo el abrigo tecnicolor de «Joseph…». Aquí, el Jesús de Ryder parece bastante menos un carismático seguro de sí mismo y más un hippy algo ido que se ha cansado de su fatigosa y conflictiva grey, empezando por Judas (Tyrone Huntley), que da motivos de sobra para un divorcio de amistades y acaba traicionando a su amigo con un beso en el huerto de Getsemaní por treinta monedas de plata. Iscariote hunde las manos en un arcón iluminado y se las cubre de pintura plateada, que lo marca de forma indeleble como traidor durante el resto de la función.

El uso continuo de micrófonos de mano resulta algo incongruente, pero el diseñador Tom Scutt se ha esforzado en integrarlo con estilo en la escenografía y el vestuario. En particular, en las frecuentes entradas de los fariseos, cuyos báculos bíblicos llevan un micrófono en un extremo y una insignia propia en el otro, y que, girados, sirven de pie de micro en los números musicales. En esos momentos, Matty J y Bob Harms cumplen con creces como Anás y Caifás.

También dan en el clavo Desmonda Cathabel como María Magdalena y Billy Nevers como Simón. Ella logra una mezcla de timbres cercana a Linda Ronstadt y a la maravillosa Judith Durham de The Seekers. Nevers, por su parte, desprende fuerza y vitalidad cuando insta a Jesús a canalizar su popularidad hacia un levantamiento militar contra los opresores romanos en Simon Zealotes/Poor Jerusalem, un número que casi detiene la función y que fue, para mí, lo mejor de la noche.

El director Tim Sheader se ha apoyado mucho en el coreógrafo Drew McOnie para llenar de interés un escenario por lo demás esquelético. Una cruz gigante tendida en el suelo hace las veces de rampa hacia el área principal de juego, rodeada de andamios sobre los que se montan las gradas para la orquesta de casi veinte músicos dirigida por Tom Deering. El cuerpo de baile es espléndido, con una ejecución afiladísima de estilos urbanos; mención especial para Charley Warburton, Owen Lloyd, Milo McCarthy, Daniel Bowskill y Sebastian Goffin. Y no se pierdan el delicioso cuadro piadoso que desencadena Phil King a la guitarra como Pedro, en el que doce intérpretes se suman a Ryder para recrear La última cena de Da Vinci.

En conjunto, un trabajo estupendo, aunque de nuevo con exceso de amplificación. Entre mis manías está la cantidad de momentos en que los retardos musicales están calculados para dar pie al aplauso, en lugar de dejar que la reacción surja de forma orgánica. Pero, en fin, esto siempre pretendió ser un relato religioso sobre el poder de la personalidad y la popularidad, así que el espectáculo agotará entradas sin duda durante toda su temporada.

Como pasé 1998 y 1999 de gira en The Pirates of Penzance con el primer Jesús de la historia (Paul Nicholas, que interpretó el papel en 1972), me quedé pensando qué opinaría hoy, a sus 81 años, de esta nueva versión y de su protagonista. Espero que alguien se lo pregunte.

JESUS CHRIST SUPERSTAR dura dos horas con intermedio y continúa en el London Palladium hasta el 5 de septiembre. Después está previsto que se traslade al Theatre Royal Drury Lane del 16 de octubre al 9 de enero de 2027.

Jesus Christ Superstar en Londres

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